Coaching Líderes de Máxima Inseguridad

La fortuna se hace amiga de los audaces

John Dryden

Después de leer mis buenos propósitos para el 2017 me di cuenta que se me habían quedado algunas ideas en el tintero… hay otros temas que quiero abordar en este blog, y es por ello que me propuse avanzar con los narcisos antes de que se acabe el año.

Recapitulando, abordamos distintos estilos estilos de liderazgo neurótico y a los narcisistas reactivos  (los malos) y ahora es el turno de los feos… y al último dejaremos a los buenos

Siguiendo las categorías de Manfred Kets de Vries, en esta oportunidad nos corresponde adentrarnos en el sistema de creencias del “Narcisismo de Autoengaño”, virus mental que impulsa a sujetos a lograr el amor y la admiración de los demás… a cualquier precio.

De acuerdo a este autor, estos líderes, aparentemente encantadores, genuinamente carecen de seguridad afectiva y son propensos a las “hazañas” organizacionales para satisfacer sus ansias de reconocimiento.

Si tenemos la suerte o mala suerte de toparnos con jefes o colegas de estas características, los reconoceremos por su tendencia a la grandilocuencia pública en distintas intensidades (unos más, otros menos), a fuertes reacciones defensivas cuando son contrariados y a desproporcionados temores en privado, pues si eres su confesor, comprobaras que su grandilocuencia de puertas afuera es equivalente a su inseguridad de puertas adentro.

¡Le tienen pánico a cualquier tipo de rechazo o fracaso!

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Si bien en un principio las inseguridades de estos líderes pueden enternecer y hacerlos humanos, al tiempo se evidencia que sus dolores son guiados por una fuerte orientación transaccional, pudiendo ser descritos como manipuladores profesionales.

Así, estas dudas que los humanizaban en los primeros encuentros, dan cuenta después de un mayor análisis, de una extrema preocupación por sus propias necesidades y una nula empatía por el resto del mundo, lo que en su máxima intensidad puede transformarlos en líderes verdaderamente maquiavélicos.

¿Verdad que ya no son tan tiernos?

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Si, tras la fachada inicial de sujetos dubitativos, hay un sujeto que se relaciona con el mundo de una manera altamente instrumental.

Si son jefes, al poco andar descubrirás que detrás de una apariencia diplomática, hay un sujeto que selecciona a personas no críticas para conformar equipos y que sutilmente “obligará” a sus subordinados a alinearse detrás de él, pues éste jefe… no acepta críticas… todo… lo ofende…

Lo divertido… o tal vez no tan divertido si eres parte de su equipo… es que a la hora de tomar decisiones, estos líderes “grandilocuentes” se vuelven en extremo conservadores y muy precavidos frente al riesgo.

Tras cerrar la puerta, estos pavos reales de las reuniones muestran de las maneras más sofisticadas y burdas todos sus temores, muchas veces dilatando las decisiones en interminables consultas, pues ellos… no se pueden equivocar.

No se lo pueden permitir.

Este estilo, a diferencia del reactivo (el malo), se asemeja a lo que en la literatura psiquiátrica se denomina narcisista hipervigilante. 

Mientras los reactivos tienden a ser arrogantes, agresivos e insensibles a que sus sentimientos sean heridos por otros, los hipervigilantes son muy sensibles a las reacciones de los demás.

¡Sufren por todo!

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Son sujetos que escuchan cuidadosamente al otro en la búsqueda de críticas o desaires, siendo fácilmente heridos, avergonzados o humillados.

Glen Gabbard, un reconocido psiquiatra norteamericano y autor del clásico Psiquiatría Psicodinámica en la Práctica Clínica, nos advierte -en sus propias palabras- que estos sujetos tienen una marcada “tendencia a experimentar leves desaires como ataques devastadores”.

Lo difícil, para este shrink, es que cada día es más difícil distinguir “entre los grados saludables y patológicos de narcisismo”, pues a ojos de este especialista “una cierta medida de amor propio no sólo es normal sino también conveniente”. 

Así, estos encantadores narcisos que se autoengañan, cuando se estresan y cierran la puerta se transforman en seres ofendidos, sentidos, capaces de exagerar, distorsionar y malinterpretar cualquier comentario…

* * *

Aunque para algunos estos narcisos puedan ser una caricatura de la extrema inseguridad, para Gabbard son sujetos que nos obligan a cuestionar nuestra cultura, pues de acuerdo a su mirada hay “ciertas conductas que pueden ser patológicamente narcisistas en un individuo mientras que en otro son una simple manifestación de amor propio saludable”.

Por ejemplo, si un actor o rostro televisivo tiene una rutina de dos horas de cuidado facial… lo encontramos normal… pues tiene que cuidar su rostro por razones comerciales, pero si un joven ejecutivo se masajea frenéticamente el rostro con cremas antiarrugas y hace ejercicios faciales para ensayar su mejor sonrisa sin arrugarse… tenderíamos a pensar que a este sujeto… le pasa algo raro.

¿No es el mismo comportamiento?

También, señala Gabbard, “el narcisismo es juzgado de modo diferente de acuerdo con la fase del ciclo de la vida por la cual uno está atravesando”, pues no es lo mismo que un adolescente pase horas frente al espejo a que lo haga alguien de cuarenta.

Además, como dice el mismo autor, “para complicar aún más las cosas, vivimos en una cultura narcisista (…). Somos servilmente devotos de los medios de comunicación electrónicos que crecen con fuerza en imágenes superficiales e ignoran la profundidad y consistencia. Vemos el consumo de bienes materiales como el camino a la felicidad. Nuestro temor a la muerte y al envejecimiento mantiene a los cirujanos plásticos con trabajo. Nos consumimos con el encanto de la celebridad. Libros con títulos como “En busca del número uno” figuran en la lista de los más vendidos. Los deportes de competencia, el gran pasatiempo americano, nos enseñan que ser el número uno es el objetivo más importante”.

* * *

Sí… estos narcisos inseguros… nos llenan de dudas… y es muy difícil trazar con ellos la línea entre lo normal y lo patológico…

Si salimos del mundo psiquiátrico y volvemos al ámbito organizacional y deportivo, veremos que aquí si que las líneas son aún más difusas.

¿A quien no le atrae trabajar en la mejor empresa?

¿Quien no quiere que su equipo salga campeón?

¿Y cuantos estarían dispuestos a hacer lo imposible… con tal de ganar?

Nuestra admiración por los deportistas de élite mundial, por los empresarios que se transforman en una marca, por los músicos super-ventas o por los logros de los CEO planetarios, tienen algo de esta profunda necesidad de ser amados… y admirados… a cualquier precio…

Ahora, para que no se asusten, compartiré un criterio de Gabbard que tal vez ayude a distinguir cuando el amor propio es saludable… y cuando puede tornarse patológico:

“Uno de los criterios diagnósticos clave para el trastorno narcisista de la personalidad, la explotación interpersonal, es altamente adaptativo en nuestra sociedad. De hecho, la matriz interna de nuestro sistema económico está basada en premiar a aquellos que son capaces de llevar a otros a comprar un producto (…). En el mundo corporativo, “lograrlo” se ha vuelto más importante que los valores de compromiso, lealtad, integridad y calidez interpersonal. Los entrenadores atléticos de los colegios universitarios pueden permitirse un trato indignante a sus atletas siempre y cuando continúen trayendo títulos a casa. El ganar lo justifica todo”.

Glen Gabbard, Psiquiatría Psicodinámica en la Práctica Clínica

En definitiva, lo que podría ayudarnos a marcar una línea, son las formas y los límites que pone un líder para alcanzar sus objetivos. ¿Tiene una metodología basada en ciertos valores o está simplemente dispuesto a explotar a su equipo o a sus cercanos con tal de conseguir algo?

Ahora… si pensamos en esto… ¿hasta donde podemos presionar a un alumno en sus estudios? ¿Cuáles son los límites en el mundo laboral? ¿Los hay? ¿Se respetan? ¿Qué pasa en los deportes? ¿Son moderadas las exigencias que les hacemos a nuestros ídolos deportivos? ¿Qué pasa con nuestros equipos?

Bueno… lamento decirles… que si se hacen estas preguntas… al momentos de ser exprimidos… lo más probable es que se queden sin trabajo… pues los líderes narcisos que se autoengañan… no tendrán estas consideraciones con ustedes… sino que exprimirán el limón al máximo… y si no quieren dar más… sacará otro limón… total… hay tantos…

En una época donde por cada cupo de trabajo hay cientos de interesados… estas prácticas no solo son factibles… sino que eficientes y eficaces… total… el mayor costo emocional… se lo lleva el otro… y estos líderes… en esta lógica y desde esta perspectiva… son altamente funcionales y de ahí su éxito…

En una cultura donde el cinismo es clave, desvincular personas con estilo es todo un arte y hay que manejar con destreza las emociones para decirle a otro ser humano que lamentablemente no va a poder continuar con nosotros por no ajustarse al perfil de la empresa, por necesidades mayores de la organización o por eficiencia en los costos…

La frialdad con que actúan puede causar admiración en pares y superiores… y rechazo y nauseas en sus equipos cercanos, pues en momentos críticos, son capaces de deshacerse hasta de su confidente y confesor… ese mismo… que en sus peores momentos… tuvo que soportar sus incesantes dudas.

Guste o no guste… en las actuales condiciones que viven las organizaciones… estos sujetos triunfan… con altos costos emocionales para su entorno… y de no triunfar… lo harán… muy probablemente en el próximo lugar… pues si hay algo que conocen… es el camino al éxito…

Están programados y harán… lo que haya que hacer… y más… para evitar caer…

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La continuidad de Rafael Nadal en el 2017

Si alguien dice que soy mejor que Roger Federer, entonces no tiene ni idea de tenis

Rafael Nadal

Rafael Nadal estuvo cerca de 11 semanas fuera de las pistas por una lesión a la muñeca y los rumores sobre su rendimiento y la cercanía de su retiro no tardaron en llegar.

Es increíble como los cuervos esperan y me imagino que ya varios periodistas deportivos tendrán en el cajón de su escritorio… o en su carpeta virtual… un artículo sobre su retiro y es por ello que conviene recordar las palabras de otro gigante como André Agassi: “La gente puede decir lo que quiera, Nadal es el mejor tenista de la historia”.

Así, contraviniendo al mismo Rafael, el ochentero kid de las Vegas tiene al español en lo más alto y el mismísimo Roger Federer no duda en señalar que “en mis 17 años de carrera, Nadal es el tenista que más me ha influenciado como jugador”.

Novak Djokovic, que en este último tiempo ha saboreado la gloria y la derrota como ningún otro, no solo ha dicho que “Nadal es el mejor jugador de la historia sobre tierra batida y uno de los mejores tenistas que han jugado a este deporte”, sino que ha reconocido que “tengo un problema y su nombre es Rafael Nadal”.

Y es que pese a los años, las lesiones y las dudas, este treintón del deporte mundial, juega, según Bjon Borg, “cada punto como si fuera un punto de partido. Por eso él es el campeón que es”. Incluso antes de las lesiones, Jimmy Connors observó que una de las cosas que más le sorprendía de Nadal es que siempre juega “como si estuviera arruinado”, algo que su mismo tío, fiel a su parco estilo, remacha al afirmar que su sobrino “probablemente sea el tenista que más partidos gana jugando mal (…)  pues no hay punto que no se muera por ganar o bola que no esté dispuesto a seguir”.

Del otro lado de nuestra cordillera, Juan Mónaco, un grande del tenis argentino, reconoce que Nadal es una persona genial fuera de la cancha, pero que adentro “el tipo lo único que quiere es reventarte, ganarte y no le importa nada”.

Sí, es un caballero fuera de la cancha y una bestia dentro y no por nada, Federer, el más caballeroso del circuito, reconoce que “Nadal siempre será mi gran rival, el más complicado que tuve en mi carrera. Él me hizo mejor jugador”.

Estos piropos, viniendo de personas tan competitivas, no son gratuitos y es por eso que todos los que seguimos a Nadal sonreímos cuando éste despeja todas las dudas sobre su estado actual y su retiro ganando el primer torneo de exhibición al que se presentó.

Sin contratiempos ganó todos los partidos… y levantó una copa más.

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A los pocos días, ya en el circuito oficial, Nadal demuestra que la exhibición no fue una golondrina de verano y hasta el momento ha ganado los dos partidos que ha disputado en Australia.

Ahora… ustedes se preguntarán como se puede lograr mantener el nivel… tanto tiempo… en un entorno tan competitivo… pues… si entienden mi obsesión por este deportista… sabrán que de esto se trata…

En posts pasados hemos visto que una de las claves de este indiscutido Rey de Tierra Batida ha sido la obediencia, el aguante y la disciplina… y ahora es el turno de darle paso a la continuidad… concepto cada vez más escaso… en el deporte profesional…

* * *

P: A todo esto, hay quienes piden que cambie de entrenador, aquellos dicen que con otro técnico ganaría más grandes. Pero usted, ¿con Toni hasta el final?

R: No, no, no. Con Toni hasta el final, no. Toni, primero, hasta que él quiera, y luego, hasta que los dos estemos contentos el uno con el otro. Lo que yo no estoy de acuerdo nunca es con que a las primeras de cambio, cuando empiezan a ir las cosas mal después de un montón de años yendo muy bien, se señale a las personas. A la gente le falta autocrítica y tiene demasiada crítica. No es por presumir, pero no soy de esos. Primero intento ser crítico conmigo mismo, así que en este caso el único culpable de que las cosas no hayan ido bien este año soy yo. El único culpable soy yo. Los demás me han ayudado y han hecho las cosas igual de bien que siempre.

Entrevista a Rafael Nadal, “El tenis aún me hace feliz”, Diario El Pais

En esta entrevista habla un Rafael de 29 años, un deportista que ya a su corta edad va contra la corriente del tenis mundial, pues basta ver la rotación de coach y técnicos en el circuito… y para que hablar en otros deportes como el fútbol…para comprender que su relación con su tío/entrenador es casi una anomalía…

Y no deja de ser desconcertante, pues he escuchado un par de charlas de Toni y la verdad es que es uno de esos españoles medio impenetrables. Hombre de pocas palabras y mucha disciplina que disipa cualquier duda de su irrestricta fe en el rigor.

Igual Rafael ha hecho modificaciones en su equipo; ha cambiado preparadores físicos y ha sumado figuras como Francis Roig y Carlos Moyá como “supercoach” a su staff, pero antes de continuar, escuchemos que decía Rafael por allá… por el 2014… en su autobiografía

“Me costaría desarrollar mi juego si fuera uno de esos tenistas, de los que hay tantos, que no paran de cambiar a los miembros de su equipo. Yo los necesito antes que nada a nivel personal, porque el tenis es un deporte en que el estado emocional es fundamental para vencer. Cuanta más paz sientas en tu interior, más posibilidades tienes de jugar bien. Hablo mucho de la importancia de aguantar, pero hay otro concepto muy importante en mi vocabulario y es <<continuidad>>. Simplemente, ni siquiera contemplo la posibilidad de cambiar mi equipo”.

Rafa, Mi Historia, Rafael Nadal con John Carlin

Para entender la creencia de Nadal sobre la importancia de la continuidad de los equipos convendría ampliar un poco el contexto con un ejemplo y remontarnos a una semifinal que jugó con Verdasco… juego que terminaría convirtiéndose el partido más largo de la historia del Open de Australia.

El marcador 6-7, 6-4, 7-6, 6-7, 6-4 habla por sí solo.

Cualquiera de los dos podía ganar y si bien en ésta oportunidad los dioses estuvieron con Nadal, el problema fue que después de esta gesta inhumana, el mallorquín tenía que disputar la final, nada más, ni nada menos… que contra Federer.

Nadal estaba hecho pedazos, a penas podía caminar y a medida que se acercaba la final se sentía cada vez peor y la en la desesperación éste le dijo a su tío… <<Toni, lo siento pero no puedo. Es sólo eso, que no puedo.>>

Bueno… ése era el contexto… ahora los dejo con Toni:

“No digas que no puedes, porque cualquiera que cave con profundidad suficiente siempre acaba por encontrar la motivación que necesita para hacer lo que sea. En la guerra se hacen cosas imposibles. Imagínate que en el estadio hay un tipo sentado detrás de ti, apuntándote con una pistola y diciéndote que, si no corres sin parar, apretará el gatillo. Me la juego lo que sea a que echas a correr.. ¡Así que muévete! Encontrar la motivación es decisión tuya. Es tu gran oportunidad. Por muy mal que te sientas ahora, es probable que nunca vuelvas a tener una oportunidad de ganar el Open de Australia como la que tienes hoy. Aun en el caso de que no tengas más que el uno por ciento de probabilidades de ganar este partido, aprovéchalo, exprime hasta la última gota ese último uno por ciento. -Toni me vio vacilar, vio que le escuchaba y siguió presionando-. Recuerda esa frase de Barack Obama, “Yes we can!”. Pues cada vez que cambies de lado repítelo, porque ¿sabes qué? La verdad es que sí puedes. Lo que no puedes es permitirte un fracaso porque te falle la voluntad. Si pierdes, que sea porque tu rival juega mejor, pero no porque no sepas rendir al máximo. Sería un crimen. Aunque no harás eso, lo sé. Siempre has dado lo mejor de ti y hoy no va a ser una excepción. ¡Puedes, Rafael! ¡Puedes de verdad!

* * *

No solo gana Nadal, sino que contra toda probabilidad, lo vuelve a ganar al año siguiente y si bien no quiero abusar de las citas, creo que lo que dice Nadal de su tío es un aliciente para todos aquellos que nos dedicamos a ayudar… como podemos…a otros.

“La fuerza de mi tío ha procedido siempre de sus palabras, de lo que dice para motivarme. Me cuenta que el entrenamiento más útil que hicimos cuando yo era pequeño no tenía lugar en la pista, sino cuando íbamos y veníamos de Palma en coche, antes y después de los partidos, planeando lo que había que hacer, analizando lo que habíamos hecho mal. Recuerdo que me ponía ejemplos tomados del fútbol,  de los encuentros que jugaba el Real Madrid, para captar mi atención y hacerme entender lo que quería decir. Y la cuestión es que Toni tiene razón. Sus palabras me enseñaban a pensar por mí mismo en la pista, me enseñaron a ser un luchador. Le gusta citar a un escritor español que afirmó que quienes empiezan las guerras son siempre los poetas”.

* * *

De vuelta en el 2017, Nadal sigue jugando, ganando y entrenando con Toni.

Lo mejor, tal como ha señalado en las últimas entrevistas, es que ha disfrutado los partidos, lo ha pasado bien, ha tenido positivas emociones y ha sentido el cariño del público que en este mismo torneo vio volver… y caer… a Roger Federer.

Ojalá, pese a los pájaros de mal agüero, tengamos a Rafa y a Roger por mucho más tiempo, pues no solo cambian la cara de los torneos, sino que humanizan el circuito y dan muestras de que el deporte puede hacer grande a las personas.

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¿Cómo manejar la derrota?

La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva

José Saramago

Este post originalmente lo escribí para el 2016 y hoy, al editarlo, me doy cuenta que ayer Rafael Nadal se tuvo que retirar lesionado de un torneo…

Rodilla… maldita rodilla…

Aún así Nadal va a terminar la temporada como número 1 del mundo y me imagino que a esta altura está aprovechando su descanso anticipado para pensar y preparar el 2018.

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Probablemente este año haya sido distinto al 2014, 2015 y 2016… años en que la ansiedad se comía al personaje…

Ya lo han retirado tantas veces, que ahora que se aleja de las pistas como número 1, debe estar disfrutando por haber creído más en él, en su entrenamiento y en su equipo… que en la prensa y sus críticos.

Como coach, no deja de sorprenderme la fortaleza de este deportista, pues es capaz de manejar kilos de presión.

Y en este contexto recurro a Tim Gallwey, padre de ésta disciplina y, alguna vez, un notable tenista, quien en su clásico “The Inner Game of Tennis”, para formular la siguiente pregunta:

¿Cómo puede el nivel de tu tenis convertirse en algo tan importante que llegue a causarte ansiedad, rabia, depresión y dudas con respecto a ti mismo?

Si nos salimos de la cancha, esto lo podemos aplicar a cualquier persona que ha comido derrotas, ha cometido errores o a sujetos que simplemente no han logrado reunir todas las condiciones para triunfar.

En consulta, he tenido a varios Nadales del mundo ejecutivo, a gerentes y notables estudiantes que, pese a todos sus logros, tienen que elaborar feroces críticas y autocríticas ante resultados no deseados o inesperados.

Gallwey, que fue víctima del ranking y de un siniestro juego interior, se hizo estas preguntas para salir de los pantanos en los que se hundía con la raqueta.

¿Sigo amando el tenis?

¿Me sigue gustando jugar?

Si uno lee la cantidad de horas que le dedicaba a este juego y lo que sufría cada vez que perdía… queda claro que este deporte le apasionaba… pero el problema iba más allá…

“Cuando el amor y el respeto dependen de ganar o de tener éxito en una sociedad competitiva, es inevitable que haya mucha gente que sienta una falta de amor y respeto  (ya que cada ganador implica un perdedor y cada actuación sobresaliente implica muchas que son inferiores). Obviamente, estas personas intentarán ganarse el respeto que les falta, y los ganadores intentarán con la misma fuerza no perder el respeto que ya han ganado. A la luz de todo esto, no es difícil ver por qué jugar bien se ha convertido en algo tan importante para nosotros”.

Tim Gallwey, El Juego Interior del Tenis

El deporte competitivo nos mete en un terreno altamente irracional, nos hunde en las profundidades de creencias tan poderosas… como dañinas… creencias donde ganar es todo… y perder… no es una opción.

Locura total

Daniel Orsanic, capitán de la Copa Davis Argentina, sabe perfectamente de que hablamos.

“Es difícil siempre ser deportista de elite. Pero mucho más en la Argentina. En pocos lugares te humillan tanto cuando perdés y te apoyan tanto cuando ganas. Eso desequilibra a cualquiera. La gente debe darse cuenta que lo importante es la entrega, el trabajo en equipo, la constancia y el respeto por los deportistas. Ojalá ganemos. Pero más relevante es dejar todo en el camino”.

Orsanic, de acuerdo al periodista especializado Tenembaum, hizo un magistral trabajo pedagógico en el camarín y en la galería para mantener a su equipo enfocado, pues a esta altura no debiera sorprendernos si ese maravilloso proceso terminaba en la basura de no ganar la final, pues lamentablemente esa es la forma de actuar de la lógica competitiva… donde solo cuenta ganar.

Y que mejor ejemplo que del Potro… ninguneado y basureado cuando perdía con la camiseta albiceleste… elevado al Olimpo del deporte transandino… cuando sus puntos permitieron que Argentina se llevara la primera Copa Davis de su historia… para la casa…

Por suerte, tanto Nadal como Del Potro han tenido entrenadores que verdaderamente se hacen cargo del camarín y de su entorno, compañeros y estrategas que han sabido aislar a sus pupilos del hambre de títulos que afectan a todos los que han tocado la gloria -gracias a ellos- y que ansían volver a tocarla.

De ahí que las derrotas, aunque dolorosas, sean importantes oportunidades para reflexionar, pues si nos las botamos a la basura, tenemos la posibilidad de seguir aprendiendo y mejorando.

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Y así, para entrar con todo a la recta final del 2017, los dejo con estas sabias palabras de Tim Gallwey, un grande dentro y fuera de la cancha.

“Pero ¿quién dijo que tengo que ser evaluado por lo bien que hago las cosas?

De hecho, ¿quién dijo que tenga que ser evaluado en absoluto?

¿Quién?

Para salir de esta trampa lo que hace falta es una clara comprensión de que el valor del ser humano no puede medirse por medio de su desempeño –o por cualquier medida arbitraria-.

¿Realmente creemos que el valor de un ser humano es algo mensurable?

No tiene sentido evaluarnos en comparación con otros seres que tampoco son evaluables.

De hecho, somos lo que somos; nuestra identidad no se reduce a lo bien que nos manejemos en un momento dado.

La nota que obtuvimos en la escuela puede medir nuestra habilidad en aritmética, pero no mide nuestro valor.

Del mismo modo, el resultado de un partido de tenis puede ser una indicación de lo bien que jugué o de lo mucho que me esforcé, pero no me define como persona, ni me da motivos para considerarme más o menos importante de lo que era antes del partido.

Punto de Juego

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Fuerza Mental

Los campeones no se hacen en el gimnasio; se hacen desde algo que está en su interior: un deseo, un sueño, una visión

Muhammed Ali

Este post, originalmente titulado La Obediencia de Rafael Nadal, lo escribí el 07 de diciembre del 2014, mientras leía “Rafa, mi historia” y lo publiqué en un inexistente blog llamado Manual para Desubicados.

El 2015 lo actualicé y lo subí a otro blog… el aún existente Liderazgo Artesanal… el 2016 lo volví a revisar… y ahora que la temporada 2017 está llegando a su fin… vuelvo a hacer este ejercicio en este blog.

Para dar un poco de contexto, Rafael Nada terminó el 2015 número 05 del mundo y aunque tuvo un notable repunte al cerrar el año, fue triturado en una final por Djokovic… según la prensa especializada.

Tras esta fallida final las dudas sobre el futuro del tenista español se volvieron a instalar y Nadal salió al paso señalando que “a la gente le falta mucha autocrítica y tiene mucha crítica”.

¡Buen golpe!

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Y es que la prensa en el 2015 no le daba respiro.

No le perdonaban los errores o las derrotas, situación que Juan Martín del Potro conoce muy bien, pues así como la prensa argentina lo elevó al Olimpo del Deporte Argentino -que preside Maradona- al contribuir notablemente a que su país se llevara la Copa Davis por primera vez a casa… en su momento lo pisotearon sin reparos por no llevar alegrías para las saturadas estanterías argentinas de la egolatría deportiva.

¿Ya nadie se acuerda?

Y es que los que conocen a Nadal -y a cualquier deportista de alto desempeño- saben que las críticas lapidarias son innecesarias, pues si hay algo que los caracteriza es una feroz autoexigencia.

No por nada, durante 11 años consecutivos Rafael terminó entre los 5 mejores del mundo y aun así el 2015 el Mallorquín confesó que fue un año de descontrol… un año donde la ansiedad se lo comió.

Si hacemos un poco más de memoria, este mismo deportista evaluó el 2014 como un año de miedos… que nunca temió reconocer… y el 2015… como un año en que le faltó fortaleza mental.

En sus propias palabras, “perdió la capacidad de análisis y la claridad frente a los fallos, perdiendo después de esas disputas más puntos de los habituales”.

¿Qué pasó Rafael?

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Para entender qué pasa por la mente de un deportista de categoría mundial recomiendo “Rafa, mi Historia”, biografía escrita a medias entre Rafael Nadal y el periodista John Carlin.

Esta biografía rápidamente sorprende… porque debajo de esa ruda imagen de gladiador de todo tipo de superficies, hay un veinteañero atormentado, miedoso, lleno de dudas… que cuando entra a la cancha… deja las nubes atrás y se enfoca en ganar…

Y para entender cómo este fanático del fútbol y del Real Madrid llegó a lo más alto del tenis mundial, es fundamental entender la relación que entabló con el controversial Toni, su tío y entrenador… un tenista que si bien no brilló con luces propias… supo cómo encauzar el potencial asesino de su sobrino mediante el rigor y la disciplina.

Sí… sí… señoras y señores… nada de magia… a entrenar no más… pues el instinto de entrar a matar no es suficiente para triunfar… es más… para Toni… la principal virtud de su sobrino es la obediencia.

¿Qué tal?

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Y es que Rafael, pese a las legítimas pataletas de un niño que a veces no quiere entrenar o de un adolescente que quiere disfrutar de otras cosas de la vida… supo aguantar las normas férreas de su tío… pues a ojos de este, para vencer a rivales técnicamente mejores y físicamente más dotados -como Roger Federer- hay que aguantar el dolor y disfrutar del sufrimiento.

En jerga menos dramática, el principal golpe de Nadal es el poder mental con el que apabulla a sus oponentes.

No los deja nunca en paz… mandando el claro mensaje de que jamás se va a rendir… y aunque vaya ganando… va a pelear cada pelota… como si fuera última… para destrozarte…

* * *

A estas alturas de mi post comprendo que para varios lectores este titán de la raqueta asuste y/o apasione… y como muchos… me alegro de que sus víctimas sean sujetos de pantalón corto… y que sus armas sean pelotas amarillas… pues de la que se libró el mundo si el tío Toni lo hubiese llevado por un mal camino.

Y es que Rafael no se cuestiona… casi nunca… si Toni o su método es bueno o malo; lo quiere… lo odia… lo acepta…  es su tío y comprende que aunque a veces su método sea duro e injusto, lo hace por su bien… y sus resultados… parecen avalarlo…

Es, definitivamente, una biografía de muchas luces y sombras, donde Rafael lanza impactantes frases… como si nada… confesando… a modo de ejemplo… que una vez se acabe el tenis, se acaba la felicidad.

Así de intenso

Y es que para un guerrero… un guerrero lleno de rituales, miedos y preocupaciones… no poder dar la pelea… es el fin…mostrando que… como cualquiera de nosotros… es un ser ordinario… con un entrenamiento… extraordinario…

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Y si miramos la prensa de hoy, lunes 13 de noviembre del 2017, no deja de ser sorprendente que Nadal, con su treinta y poco y sus lesiones, siga siendo el número uno.

Este año, a modo de síntesis, se llevó Roland Garros y el US Open a su casa, disputando 77 duelos, con un balance de 67 victorias y 10 derrotas en 17 torneos.

Nada mal, salvo que como él mismo confesó, “la rodilla me ha molestado desde hace tiempo. Es el final de temporada y he jugado muchos partidos. He exigido al cuerpo y esto puede suceder”.

Aún así, Nadal hace noticia tanto porque gana… porque se retira de algún campeonato… o porque vuelve a otro…

“Si estoy en Londres es para ganar” (…) “Pero la rodilla todavía me molesta y no sé lo que pasará. En pocos días es difícil arreglar el problema. Solo puedo decir que estoy aquí y que la idea es competir, de lo contrario no hubiera venido. Miro el día a día y trabajo sin pensar demasiado en lo que puede ocurrir. Si algo malo pasa, me iré a casa”.

Así que lejos de jubilar… parece que tendremos a Nadal un buen rato más…

Aprovechemos las lecciones que deje esta poderosísima mente del deporte.

Coaching a Líderes Narcisos

Un cobarde es incapaz de mostrar amor; hacerlo está reservado para los valientes

Mahatma Gandhi

En posts anteriores abordamos los distintos estilos de Liderazgo que Manfred Kets de Vries y Danny Miller analizaban en la organización neurótica.

Ahora es el turno de los afamados narcisos y para ello seguiremos la ruta de estos autores y revisaremos un artículo titulado “Narcissim and Leadership: An object relations perspective in Human Relations”.

De este artículo la idea clave es que el sistema de creencias de los narcisos -pese a la complejidad y a las distintas formas que adopta- se sostiene sobre la base de un secreto inconfesable:

“Yo quiero ser una celebridad”

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Décadas atrás, cuando estos autores escribieron este artículo, querer ser una celebridad… era un inconfesable deseo humano… cuyo peor pecado… era declararlo… pero hace ya rato que estamos plagados de programas de televisión donde es socialmente deseable transformarse en una estrella.

Ya sea por sus opiniones… talentos artísticos, dotes culinarias o hazañas de dudosa ética o relevancia… muchos quieren triunfar fácilmente… y para ello están dispuestos a (casi) todo.

Llega a ser tierno pensar que para estos analistas ochenteros era “menos deshonorable cometer un crimen, que anunciar nuestras debilidades”, pues en sus mapas mentales confesar deseos de gloria despertaba fuertes sentimientos de soledad e inseguridad, “un sentimiento que evoca la fortuna y la desgracia con igual intensidad”.

Así, a diferencia de lo que pasa hoy en día, el deseo “de ser alguien” carcomía en silencio a los narcisos del pasado, pues había que dominar ese sentimiento y esos feroces deseos de popularidad y fama.

* * *

Líderes Narcisos

Si nos salimos de los reality shows y de la prensa amarilla para adentrarnos en el mundo organizacional, veremos que en estas estructuras el virus mental del narcisismo ha hecho de las suyas.

Escuchamos a Mandred y Danny:

“El narcisismo es la fuerza motriz detrás del deseo para obtener una posición de liderazgo. Quizá los individuos distinguidos con fuerte personalidad narcisista, estén más dispuestos a comprometerse en arduos procesos para ganar una posición de poder”.

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Guste o disguste, hay mucho de cierto en todo esto… y que se haya naturalizado… no indica lo contrario.

En la farándula empresarial… todos quieren ser líderes de algo…

Dicho lo anterior… es importante señalar… para no ofender a todos… que hay narcisos… y narcisos… y es por ello que estos analistas del diván los clasifican en tres tipos: los reactivos, los de personalidad engañosa y los constructivos.

En este post nos centraremos en los reactivos… que vendrían a ser algo así como los malos de la película… y dejaremos para futuros escritos a los feos… y los buenos.

El malo: líder narcisista reactivo

Uno de los aspectos más destacados de los líderes narcisistas es que son capaces de comandar proyectos espectaculares.

Sí, son una suerte de kamikazes que no miden el costo a la fama y que no dudarán en tomar riesgos sin consultar a nadie si ese es el camino más rápido para destacar.

Tampoco dudarán en arruinar a sus oponentes (y a cualquiera de su equipo que se le oponga), usando víctimas y jamás admitiendo una derrota, por lo que en cualquier contienda es un rival a temer… pues por ganar… es capaz de hacer lo que tal vez ningún otro estilo se atreva.

Es audaz y despiadado, por lo que puede generar admiración, miedo y rechazo en su entorno, y aún así, o mejor dicho, por ser así, será, en determinadas circunstancias,  elegido como la mejor carta para liderar la contienda.

Para entenderlos desde una mirada más intra-psíquica, recurrimos a Kohut, uno de los grandes estudiosos del narcisismo, quien describe a estos sujetos lisa y llanamente como mesiánicos y carismáticos.

Tienen un sistema de creencias que, con el apoyo de la evidencia y contra toda evidencia, ha logrado construir un “Yo” grandioso y una imagen idealizada sobre su omnipotencia que se sintetiza en “yo soy perfecto y tú admírame”.

La ilusión de ser “únicos y perfectos” afecta sus relaciones con la realidad, pues cualquier discrepancia generará ansiedad y malestar, pues estos sujetos constantemente esperan que el mundo externo les confirme lo espectaculares que son… y no lo contrario.

Hay que pensar que este tipo de narcisismo tiene dañada la capacidad de distinguir entre la imagen que ellos tienen de sí mismos y la que ven los demás y que esta inhabilidad (juicio de la realidad alterado) tiende a distorsionar los eventos externos para manejar la ansiedad y prevenir un sentido de menoscabo o frustración.

Los narcisos, frente a cualquier insinuación de error, falla o crítica, saltarán para defenderse, atacar y contra-atacar, cayendo a ojos de los otros, en delirantes mentiras y en exageradas reacciones que no guardan ninguna relación con el estímulo o su intensidad.

La clave, para entender el particular comportamiento de estas personas frente a la evidencia, es que para protegerse de la crítica, idealizarán sus virtudes y aportes y devaluarán –de manera penetrante- a sus críticos y sus observaciones.

Ahora, si tienen la suerte… o mala suerte… de ser liderados por estos seres todopoderosos, probablemente, en un desahogo, compartirán con sus cercanos que su jefe oscila desde el exhibicionismo, la grandiosidad, la insensibilidad y la frialdad con la misma facilidad con que cambia de corbata.

Son líderes autoritarios… indiferentes a las necesidades de sus subordinados… manifestando, abierta o encubiertamente, fuertes deseos de dominar… por lo que su círculo más cercano sufrirá con su constante orientación cambiante y actitud excluyente… que solo admite aduladores.

* * *

Coaching (semi) dioses

Estos líderes no aceptan voluntariamente un proceso de coaching, pues claramente no lo necesitan.

Si lo hacen, ya sea porque es un programa que se imparte en su organización –y simplemente les tocó o los obligaron a participar debido a una serie de reclamos-, harán todo lo posible para que el coach reafirme… cuan grandiosos son…

Una clásica estrategia es partir un proceso de coaching… idealizando al coach, al coaching, a la empresa y a su equipo, logrando así minimizar al máximo las potenciales críticas. Cualquier error, reclamo o divergencia será “resignificado” –a su favor- y de cada barbaridad… sacará lo mejor.

También pueden asumir una postura en extremo analítica y cuestionadora, aprovechando la jerga del programa de liderazgo para transformar sus chascarros y exabruptos en notables instancias de aprendizaje, en invaluables oportunidades de crecimiento y en un ensanchamiento de su visión como líder.

Ni una bala

Los no tan sutiles aprovecharán esta instancia para compartir sus penas, rabias y dolores, pues pese a todos sus logros, sacrificios, resultados y metas… aún así… los critican. ¿Cómo se atreven? ¿Cómo puede ser? ¿Siempre quieren más?

En este escenario, estos líderes no tardarán en transformar a su coach en un gurú, pues por fin alguien es capaz de ver y valorar lo que verdaderamente son y gracias a esta mirada transformadora se replantearán construir o buscar un lugar donde sí los reconozcan, acepten plenamente y les permitan seguir creciendo.

Ahora, si ninguna de estas estrategias funciona, prepárense, pues este coachee saltará al extremo de la devaluación, pues si estos clientes se sienten en algún punto atacados lo mejor -para la salud mental del coach- es que estos sujetos abandonen el proceso.

Lo habitual es que critiquen al coach, al coaching, al proceso… o a que simplemente ventile que él no necesitaba este apoyo… pues está varios pasos más adelante que sus colegas… y el mismo coach.

La sacaron barata

Ahora, si por esas extrañas casualidades de la vida se engancharon con este sujeto, y después de varias descalificaciones decidieron confrontarlo… con la realidad… lo más probable es que se arrepientan… pues se encontrarán con un coachee que en su foro interno les jurará no descansar… hasta vengarse de la afrenta.

Por fortuna, la mayoría de los colaboradores, pares y jefes de estos sujetos los conocen y es altamente probable que ustedes no sean su primera víctima, por lo que para su sorpresa, recibirán el aliento y apoyo de la organización.

El problema surge cuando estos sujetos son nuevos o han construido una poderosa red de influencia alrededor de su grandeza, pues aquí la virulencia de sus ataques y amenazas serán equivalentes a la magnitud de su omnipotencia y no se sorprendan si antes de cerrar la puerta este coachee les advierte que se encargará de que nunca más vuelvas a hacer coaching aquí… ni en la quebrada del ají…

Sí queridos coach… hay sujetos inmunes a toda la mercadotecnia del coaching… y a veces recibir los golpes de un narciso reactivo puede ser una eficaz forma de replantearse los límites del coaching y de ver, con mayor humildad, las posibilidades del cambio.

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Coaching Líderes Depresivos

Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.

Jean Paul Sartre

Es el turno del estilo de liderazgo depresivo.

Ya en posts pasados vimos los estilos paranoide, esquizoide, dramático y obsesivo… su efecto en las organizaciones y los desafíos para los coach.

Así, concluyo esta revisión de los estilos de liderazgo que identifica Manfred Kets de Vries en la Organización Neurótica, pero en próximos posts ahondaremos en los estilos narcisistas.

Entonces, por ahora, nos centraremos en líderes que se caracterizan por la culpa, la falta de valor, los autorreproches, y las constantes insuficiencias.

¿hay jefes así?

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Evidentemente no son los más comunes y si los hay en el medio empresarial son, generalmente líderes depresivos reactivos o temporales; “se vuelven así” o “terminaron así”, después de un largo período de estancamiento.

En medios académicos… pueden ser extraordinarios profesores, investigadores, analistas… y es posible que en grandes organizaciones u organizaciones del Estado destaquen tanto por sus labores administrativas… como por su marcado desánimo…

Si bien por fuera pueden parecer líderes reflexivos, sofisticados, con un riquísimo mundo interno… por dentro… nos podemos encontrar con el desamparo y la desesperanza, pues el sistema de creencias que alimentan de forma viral sostiene que es inútil intentar cambiar el curso de mi vida.

No hay vuelta…las cosas son así… a esta altura… no se puede cambiar.

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Ahora, si volvemos a la superficie y enfocamos la cara amable de estos líderes reflexivos, veremos que estos sujetos son altamente efectivos en los procesos internos de sus organizaciones, pues suelen desarrollar fuertes habilidades analíticas y son capaces de largos períodos de concentración y reflexión.

El problema de este estilo de liderazgo es que en momentos de crisis -personal u organizacional prolongada- tienden a caer en el pesimismo y a inhibir la acción.

Todo mal

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La tensión mantenida puede tornarlos indecisos, aunque a esa altura es probable que sus pares y sus equipos ya hayan concluido que estos sujetos… habitualmente descritos como inteligentes, apáticos e inactivos… pueden vivir pensando qué hacer… y no hacer nada…

De no mediar cambios, las áreas, equipos y organizaciones lideradas por estos filósofos del management, pueden tornarse lentas, dubitativas y anacrónicas…

Estamos en proceso de estancamiento: no molestar

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La Organización Depresiva

Las organizaciones depresivas -de acuerdo a Manfred Kets de Vries- se caracterizan por la inactividad, la falta de confianza, el extremo conservadurismo y la insularidad fomentada burocráticamente.

Son empresas que sobreviven con una débil posición competitiva gracias a que están confinadas en mercados moribundos y entornos estables.

Organizaciones bien establecidas, pero carentes de propósito, ya que no exigen una iniciativa especial…

Ya casi todo funciona en piloto automático… tienen clientes cautivos… y un mercado maduro… entornos negociados, llenos de acuerdos sectoriales, connivencias y prácticas sectoriales restrictivas.

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Pero no todo es malo… para todos… pues como señala de Vries, estas organizaciones son ideales para aquellas personas que buscan la máxima estabilidad, pues la ausencia de una competencia seria hacen que las tareas administrativas sean fáciles.

Además, como habitualmente se relacionan con un único mercado precisamente definido, la relación con el mundo externo puede mantenerse bajo control, sin alterar los procesos internos que, a esta altura, ya son una suerte de ritos sin significado.

La orientación es muy burocrática. La tecnología -bastante automatizada- está en función de los mismos procedimientos administrativos… los mismos… desde hace décadas.

Pero bueno… no seamos pesimistas y no caigamos en la trampa de estos líderes, pues lo bueno de trabajar en estas organizaciones es que casi se dirigen solas; funcionan como una máquina.

Además, aunque la organización es jerárquica -en tanto que la autoridad formal está centralizada y basada en la posición más que en la capacidad-, la cuestión del poder en el interior de la organización no es muy dominante, pues la empresa no está dirigida por un líder auténtico.

¡¡¿Cómo?!!

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Bueno… habitualmente estas empresas son controladas y la coordinadas mediante programas y políticas formalizadas no por iniciativas de la dirección… así que al igual que las empresas esquizoides, estas organizaciones se caracterizan por el vacío del liderazgo.

Pero… ¿quien manda?

¿Es el gobierno? ¿Una causa? ¿El estado? ¿Un mecenas? ¿La Nasa?

Da igual, pues más allá de lo que se piense o se haga, lo que transmiten estas empresas es que sus ejecutivos van a la deriva, sin objetivo ni dirección… flotando a lo largo de un río de rituales.

Los líderes… ya sean altos directores  o gerentes… se han convertido en cuidadores y actúan simplemente como meros funcionarios, trabajando a niveles de rendimiento bajo y manteniendo el status quo.

La entrada del coaching

Nuevamente, al igual que en las organizaciones esquizoides, el vacío de poder en la cima de estas organizaciones induce a que a los ejecutivos de segundo nivel se dediquen a la política… aunque raramente se tomen decisiones de importancia… y en estas condiciones… es posible que busquen el milagro… en el coaching.

Así, estos desesperanzados sobrevivientes relataran que nadan en un medio que solo mira hacia dentro… sus líderes no se estresan en buscar amenazas y oportunidades en los mercados, sino en analizar las debilidades…

Hagamos coaching

La falta de objetivo, la inexistencia de propósito y la apatía construyen una visión general pesimista que desarrolla una serie de habilidades altamente sofisticadas para resolver detalles menores y hacer de las cuestiones operativas el centro… de todo.

En este entorno, donde se valora la estabilidad, la seguridad y el control interno, las conductas y creencias de un coach pueden encontrarse con fuertes resistencias y una marcada inhibición de toda acción…

Aquí… no va a funcionar

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Sí queridos coach… en estas empresas uno se conecta con profundos sentimientos de impotencia e incapacidad… y nosotros… no estamos inmunes… y puede que después de una temporada… sintamos que nuestros esfuerzos… no sirvieron para nada… o peor aún… puede que terminamos creyendo… que este es el fin de nustra carrera… como coach…

Y es que pese al malestar descrito, se encontrarán con clientes que pese a las ganas de cambiar, sobrevaloran las garantías y la estabilidad que han alcanzado en este particular entorno… donde la cultura depresiva los ha abrigado.

Es más… si hay que vivir… mejor asegurarse un puesto acá… y desarrollar una actividad paralela en otro entorno…  ya sea un negocio que no peligre la posición actual, un emprendimiento ajeno al giro, una vida académica sosegada…o una inconfesable vida secreta…

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Y si crees que lo mejor para tu cliente es dar un paso al costado… muérdete la lengua para evitarte mayores problemas… pues si esperas un poco… no solo verás que tiene un complejo sistema de creencias que una y otra vez lo llevan a quedarse… sino que pese a la desesperanza que te han contagiado… quieren seguir trabajando contigo.

Sí, pese a la sensación de que tu trabajo no ha cambiado nada, estos clientes… formales… metódicos y cumplidores… querrán que te quedes para gestionar el status quo… status que probablemente durará hasta que sientas que marcas el paso y que tus intervenciones no son más… que más… de lo mismo…

No solo no logras cambios ni resultados… sino que pese a todo, mantienen el contrato vigente y al final… tu cliente… con una sonrisa reflexiva… y algo melancólica… te dirá… probablemente más con la mirada que con las palabras… ves… no hay nada que hacer…

Si colegas, son empresas casi inmutables… y sufrirás cada vez que te acerques a algo… creyendo… que esta vez… sí que se va a producir el gran cambio.

No querido coach… aquí… las cosas son así… y me encantaría que la próxima sesión siguiéramos analizando cuáles son las reales posibilidades de que sin hacer nada… pase algo…

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Coaching Líderes Esquizoides

La realidad es simplemente una ilusión, aunque una muy persistente

Albert Einstein

Ahora es el turno de los líderes esquizoides… esos jefes que no se involucran mucho en las tareas ni se comprometen en las relaciones… no porque estén haciendo mil cosas o vayan de una actividad a otra (como los líderes dramáticos), sino porque suelen estar encerrados en su mundo…de puertas cerradas…

Para sus subordinados, pares y para aquellos que recién llegan a las empresas, estos líderes pueden parecer distantes… a veces… inalcanzables… pues aunque estén físicamente en sus sillas detrás de su escritorio… sus mentes y sus corazones no… como si la ausencia de mensaje transmitiera que ellos no vibran con las mismas cosas que vibran los demás…

¿Cómo llegaron o permanecen acá?

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Debajo de este enigmático comportamiento hay un sistema de creencias que gira alrededor de la idea de que este mundo no me ofrece ninguna satisfacción. 

Están básicamente decepcionados de su trabajo, de las personas… y viven en un mundo paralelo de fantasías y relaciones intrapsíquicas…

Si bien estos sujetos pueden encontrarse y desenvolverse en medios artísticos y científicos con aparente normalidad, la realidad es que son casos excepcionales y transitorios en el mundo empresarial.

Algo les pasó… y al parecer esa información… solo la manejan allá arriba…

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Ahora, pese a que no tienen una fuerte orientación a las relaciones ni a las tareas, son lo suficientemente astutos para hacer lo justo y necesario, en el momento oportuno, para no ser desvinculados.

Saben como funciona el mundo… otra cosa es que se quieran involucrar… o volver a participar…

Y es que lo más probable es que lo que esconda la cúpula son las razones por las cuales este sujeto cambió… pues generalmente estos líderes desarrollaron una carrera normal hasta que algún suceso… literalmente… los desconectó… seguramente algo feo pasó y estos sujetos, en vez de tomar las armas contra aquellos que los traicionaron, frustraron o ignoraron, decidieron abandonarse a sus pensamientos… en el mismo lugar…

¿A dónde más podría irme?

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¿A otro mundo?

Desde aquí, estos líderes se entregan a un juego conocido… pues probablemente el trauma empresarial vivido no hizo más que despertar las creencias de tipo esquizoide… que desde niños… se construyen a partir de la sospecha de que la felicidad, el amor y la realización… están en otra parte…

Ya adultos y traicionados, cuentan con la posibilidad y el permiso de entregarse de lleno a sus ocultas pasiones… tanto tiempo dormidas… que pueden ser tan variopintas como la jardinería, la filosofía, la música, el andinismo o las búsquedas espirituales.

Por distintas y distantes que estén estas galaxias, comparten dos cosas.

La primera es que generalmente estas nubes paradisíacas no guardan ninguna relación con su oficio u ocupación.

Y la segunda es que suelen ser de carácter solitario.

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Si uno logra traspasar sus evasivas defensas, se encontrará con sujetos cuya agenda paralela es mucho más importante que su trabajo por lo que entre sus colaboradores reinará el aislamiento emocional.

En chileno… estos líderes no pescan a sus equipos y serán maestros en el arte de frustrar las necesidades de dependencia de los demás y no será raro escuchar la queja o lamento de que “es como si no existiéramos”.

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Los subordinados que requieran mayor atención (dramáticos) y control (obsesivos) sufrirán, pero los más astutos (generalmente paranoicos) sabrán sacarle partido a esta “dependencia fallida”, pues una de las consecuencias del estilo esquizoide es que permite a los de más abajo participar en la formulación de la estrategia e incorporar diversos puntos de vista.

Sí… estos líderes dejan importantes vacíos de poder… arena propicia para luchas y rencillas por el control… donde el más fuerte podrá influir y finalmente… tomar las decisiones que el líder esquizoide no quiere tomar.

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Este abandono de su liderazgo… y de sus responsabilidades… le da la suficiente libertad para comprometerse… con otros mundos… esas galaxias intra-psíquicas donde sí hay vida, seguridad y esperanza.

La negociación como estrategia

Tal como se podrán imaginar, estos líderes, para evitar relacionarse y comprometerse más de la cuenta con asuntos que desborden sus propios intereses, dejan en las manos de los otros las decisiones… y dejarán que la mayoría de los temas estratégicos sean decididos por sus equipos a través de ásperas negociaciones políticas.

Aquí los caudillos más fuertes y paranoicos saldrán ganando, pues se manejan con habilidad en climas de profunda desconfianza, mientras los más obsesivos sufrirán por el desorden imperante.

Por eso, no es de sorprenderse que cuando el servicio de un coach es solicitado para este tipo de situaciones, generalmente uno se encuentra con un líder impertérrito y un equipo de individuos profundamente divididos.

Hay un bando de “frustrados” y otro de “oportunistas”.

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Estos líderes usualmente sospechan que el coach no solo les va a quitar tiempo, sino que los van a poner en aprietos que acaban mal, por lo que, de participar, lo harán con una profunda desconfianza y no es de extrañar que sugiera que antes de partir… trabaje con su equipo… pues ellos sí que requieren coaching…

La segunda línea

Aunque no lo crean… es altamente probable que este astuto líder salga ganando y que algún hilo mueva para que el coaching sea dirigido a su equipo y el quede fuera… posición que le acomoda y desde donde tomará con mediano interés lo que pasa con esos sujetos que conforman ese algo… a veces llamado grupo… otras… equipo…

Y así, pese a las expectativas iniciales de coachear al líder, entraremos a equipos donde el clima de desconfianza se huele en el aire.

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Habrán, como es de esperar, sujetos que llenarán el vacío de su líder con su propio entusiasmo, ávidos delfines que despertarán el malestar de varios colegas.

De un segundo a otro una banal conversación puede transformarse en un campo de batalla político; “los favoritos” defenderán a su indeciso líder -para promover sus proyectos preferidos y construir sus pequeños imperios- mientras los abandonados aprovecharán estas instancias para hacer catarsis, pues han comprobado que bajo el liderazgo esquizoide la única vía de desarrollo profesional pasa por el nivel de cercanía e influencia que se tenga respecto al jefe máximo.

¡Estamos perdidos!

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Luchas de poder

Los miembros del equipo -liderado por estos seres de otro mundo- que están ajenos a las luchas de poder, viven con la sensación de que la empresa va sin rumbo fijo, a la deriva, realizando cambios incrementales en un área y revocándolos en otro.

Las innovaciones e iniciativas de un grupo serán a menudo neutralizadas o severamente debilitadas por las de otro grupo políticamente opuesto, por lo que solo se podrá avanzar en pequeños cambios fragmentarios… cosa que a estos líderes les gusta… pues son bastante conservadores respecto a cualquier cambio que los involucre o comprometa.

No es casual que los más innovadores describan vivir con una sensación de inercia, pues para sus jefes siempre hay más buenas razones para no meterse en un proyecto… que para hacerlo… por lo que el status quo termina ganando…

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Pese a lo anterior, esta dispersión es un terreno fértil para los oportunistas y aquellos expertos en dar satisfacción a las inseguridades del líder, pues saben que este les dará el visto bueno a prometedoras iniciativas que lo mantengan a él apartado y que no pongan en riesgo su posición.

En definitiva, los que saben manejar a estos líderes lo harán no involucrándolos en nada desagradable (relaciones) o peligroso (decisiones comprometedoras), y así, gracias a sus promesas de tranquilidad, estos príncipes formarán sus feudos independientes con la venia de su ausente rey.

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¿Qué hacemos aquí?

Parece increíble que un esquizoide -con estas características- llegue a liderar un equipo o área de una organización… pero lo cierto… es que estos sujetos de tanto en tanto ven lo que los demás no ven y suelen contar con una historia donde no siempre fueron así, pues seguramente alguien los defraudó, traicionó… o tal vez fueron asolados por tragedias personales… crisis existenciales… de sentido…

Al igual que los líderes paranoides… aparentemente algo se gatilló… solo que a diferencia de estos, los esquizoides se fueron hacia dentro.

En sus ensoñaciones pueden estar lejos… muy lejos… del corazón del negocio y de las personas… pero si cuentan con un buen capital humano… pueden formar -de manera indirecta- a extraordinarios políticos o ejecutivos de segunda línea.

Ahora, si como coach logramos llegar a este líder, nuestra primera misión debiera ser aproximarlos a la realidad… a lo que está pasando al otro lado de su oficina… informarle sobre lo que está pasando con el equipo y las personas.

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Sutilmente hay que mostrarle que su estilo de liderazgo genera un extraordinario laboratorio para aprender a gestionar las más intensas emociones… pero que hay varios miembros valiosos de su equipo que no están preparados para la descontención total… lo necesitan…

Tras una breve descripción de la realidad es clave no culpar ni responsabilizar a estos líderes, sino más bien explorar su sistema de creencias, su forma de ver el mundo y sus fantasías paralelas, para ver, si conversando, logramos unir… integrar… estas realidades…

Contrariamente a lo que pueda pensarse, este ejercicio, en la tranquilidad de su oficina, es de gran ayuda para estos líderes, pues sin las amenazas y demandas emocionales, disfrutan explorando y analizando un mundo… que hasta ese entonces… no le había despertado gran interés.

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Al ver los puntos en común o las coincidencias entre los mundos aislados que transita, estos líderes empiezan a entender que algo bueno hay en todo esto… pues no por nada… pese a todo… decidieron permanecer en estas organizaciones…

Sí, detrás del cinismo distante, hay un dolor muy profundo, una decepción muy honda… frustración que gestionaron yéndose para dentro… pues por alguna extraña razón… decidieron que donde fueran… las personas los iban a decepcionar… por lo que es mejor quedarse con las personas que ya no lo pueden volver a hacer…

No quieren más decepciones… no se quieren volver a enamorar… o entusiasmar… pues no quieren volver a pasar por el desamor y el des-entusiasmo… pues internamente sospechan que no lo tolerarían…

Así… se quedan… pero se apartan… y este distanciamiento emocional de la realidad… paradojalmente… puede ser muy útil a nivel directivo… pues estos sujetos ven… lo que los demás no alcanzan a ver… por estar tan metidos en la realidad.

Esta mirada, ajena a este mundo, basta muchas veces para marcar la diferencia, y es por eso que pese a su escaso compromiso y al abandono de sus funciones como líderes, las organizaciones deciden retenerlos… pues cuentan con la experiencia… tienen una historia… y son capaces de ver el presente y el futuro con desapego.

Y una vez que llegamos ahí, al punto que detonó sus virus mentales, podremos acompañar a un sujeto que puede enriquecer a las personas y a la organización con insospechados mapas de sus vidas paralelas, pues como diría Nietzsche…“Las épocas de mayor esplendor de nuestra vida son aquellas en las cuales reunimos el valor suficiente para declarar que lo malo que hay en nosotros es lo mejor de nosotros mismos”

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