¿Cómo pasar de la aversión al entusiasmo por el trabajo colectivo?

La simplicidad es la sofisticación definitiva

Leonardo Da Vinci

Para sorpresa de varios de mis clientes y lectores, siempre me ha gustado ponerme en el peor de los escenarios para diseñar estrategias de intervención en equipos que atraviesan crisis… y para terminar esta saga sobre el trabajo colectivo… no haré la excepción…

Pensar que todo lo malo puede pasar es una buena forma de prepararse y cuando me imagino que voy a coachear a un equipo difícil, me ayuda presuponer que al menos un buen número de ellos va a tener una aversión al proceso, al método, a mí y a todas las anteriores.

La experiencia me ha demostrado que para enfrentarse a este tipo de intervenciones organizacionales no hay nada peor que el optimismo, pues éste lo que logra es que uno deje de prepararse… para lo peor.

Mis peores experiencias han sido las que he considerado fáciles o a las que he accedido como un favor.

De repente… lo sencillo se volvió complejo y lo que parecía bien intencionado terminó casi… como una falta de respeto…

¡Mal!

Incluso recuerdo haber tenido que parar un taller a la hora de trabajo y preguntar el por qué de esas caras (largas), pues mi audaz imprudencia hizo que el ambiente se tensara a tal punto que la rabia de las caras presentes se hizo transparente.

Y seré majadero hasta el final: para pararse delante de un grupo hay que estar muy despierto, alerta y preparado, pues las dinámicas colectivas, esos funcionamientos inconscientes y grupales que retrató tan bien Wilfred Bion, pueden tomar la batuta y dejarte fuera.

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Bion llamó a estas dinámicas “supuestos básicos”, supuestos que en vez de buscar llevar a cabo las tareas o los ejercicios que un líder o coach proponga al equipo, intentan satisfacer necesidades inconscientes de sus miembros mediante la reducción de la ansiedad y los conflictos internos.

Un caso típico y aparentemente inocuo es que un equipo aproveche el coaching de equipos para por fin conocerse. ¡Es una oportunidad única para las presentaciones, para hablar de sí mismos y de miles de temas que nunca antes habían podido abordar… olvidándose… por completo… del motivo de la convocatoria!

¡Silencio por favor!

Otra forma de reconocer estas dinámicas es cuando todos los miembros “están siempre de acuerdo”. Sí, todos están felices, no hay contradicciones entre ellos, los problemas están afuera o en el pasado… indicadores de que el grupo ha perdido sus facultades críticas y sus habilidades individuales. Esta aparente calma y hegemonía dificulta que un miembro tenga una actitud cuestionadora.

Otra posibilidad, altamente desagradable, es que el grupo deposite en el coach una inquebrantable fe en que con su ayuda e intervención por fin se van a poder solucionar todos los males que los han aquejado. Este grupo no cuestiona y toma todo lo que dice el coach como algo bueno… pues seguro… él sabe… es coach… además… psicólogo… consultor… trainer en PNL…

¡y tiene mucha experiencia!

La adulación se siente como una miel espesa, pues el mensaje subterráneo es que ese grupo de chicos buenos se va a portar bien… si tu te portas bien… y sólo van a hacer lo que les digas que hagan… porque eres bueno… pero no harán nada más de los que les pidas… y menos en tu ausencia… pues ellos… no están para trabajar…

¡Nos vemos la próxima semana!

Mucho más interesante que el grupo anterior, al que Bion denominaría grupo dependiente, es el que gira en torno a una dinámica inconsciente de ataque y fuga. En este escenario es probable que uno de los presentes aliste a sus compañeros para lanzar molotovs contra la empresa, contra otro sub-grupo de la misma sala o contra el coach, pues contra alguien hay que estar.

En esta dinámica te vas a encontrar con un líder dispuesto a movilizar sus tropas y tendrás que hacer uso de tu ingenio para ganarte su respeto, pues este sujeto no solo tiene seguidores, sino que está dispuesto a aleonar a su tropa contra el opresor.

¡Cuidado!

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Este escenario es especialmente intenso, pero créanme que uno lo agradece cuando ha probado la miel de la dependencia o de la eterna utopía, dinámica que se da en grupos que viven en altos niveles de malestar que no reconocen por estar mucho más preocupados de una causa tan grande como la humanidad misma… causa que puede que la próxima semana cambie… por otra aún más apasionante…

¿Por dónde partir?

Tal como les anuncié al principio, lo mejor es pensar que van a tener que hacerse de un grupo, sub-grupo o de algunos sujetos con una fuerte aversión al coaching de equipos, lo que debe ser entendido como una suerte de motivación negativa respecto del trabajo colectivo.

Para estas personas todo lo que sea “grupal” los aleja de sí mismos y algunos se delatarán mediante gestos, discursos y ausencias, y es por ello que antes de subirse al ring, les recomiendo leer bien este post que está basado en varios re-fritos de mis lecturas de Joseph O’Connor.

Y es que es altamente conveniente que no te olvides que para esta audiencia, trabajar de manera coordinada con otros vulnera sus valores, pues hacerlo les exige demasiado esfuerzo.

“Tolerar” a los demás les sale demasiado caro y sienten que cuando lo han hecho en el pasado la recompensa ha sido exigua, pues los inconvenientes superan las ventajas.

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Las “traumáticas” experiencias vividas hacen que a muchos de estos sujetos la sola idea de sentarse en un círculo los perturbe, e incluso varios se rehúsan a participar a menos que los obliguen.

Como ya les ha pasado antes, algunos han desarrollado una increíble habilidad para anticiparse y agendar reuniones paralelas “inamovibles” y de no funcionar, saben mover los hilos necesarios para justificar su ausencia da cara a un mandamás y lograr tener siempre algo indispensable que hacer que los obligue a faltar.

Como se desprende de lo anterior y de los memes compartidos, esta aversión puede ser abierta (no quiero trabajar en equipo y no trabajo o lo hago solo) o encubierta (no me opongo, pero hago poco o nada, movido por un sentido erróneo de la responsabilidad).

Ahora, la aversión encubierta tarde o temprano sabotea la tarea (siempre hay cosas más importantes que un coaching de equipo) y no es raro que una vez se liberan de esta “responsabilidad” la aversión pase a ser abierta.

Por lo anterior, si usted espera revertir esta aversión, llénese de paciencia, pues esto no va a pasar en la primera sesión… y cuando crea que ha sido superada… volverá para recordarte que está ahí esperando… pues para cambiar esta motivación negativa al trabajo colectivo hay que darle a las personas razones muy poderosas, elevadas recompensas o consecuencias extremadamente desagradables.

Y aún así, hay casos extremos en que nada servirá para superarla.

Un peldaño más abajo de estos aversos abiertos o encubiertos al trabajo grupal están los inertes, participantes que si bien no están en contra de lo “grupal”, tampoco derrochan gran entusiasmo.

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La inercia puede venir como consecuencia de superar la aversión al trabajo en equipo, pero también hay sujetos que relatan que toda su vida las dinámicas grupales les han sido indiferentes.

La inercia de estos sujetos es como una clase experimental de física: no se oponen al trabajo colectivo simplemente porque carecen de la energía para hacerlo.

Estos sujetos, consciente o inconscientemente, saben que requiere más energía oponerse o trabajar, por lo que optan por mantenerse inertes. Lejos de batallar, para estos participantes resulta más cómodo seguir haciendo lo que ya hacen (hacer “como” que trabajan en equipo), que hacer algo diferente (rebelarse o efectivamente trabajar).

Así, a menos que haya un cambio, gana la inercia y aquí si no tenemos arte y cintura, nos hundiremos en la miel de estos sujetos, pues para ellos es indiferente trabajar solos o en equipo, pues los resultados o las consecuencias de ambos caminos no son lo suficientemente llamativos como para hacer algo.

Entonces, para salir de la frustración, hay que salir de las teorías y confiar en la voluntad, ese músculo que de tanta inercia ha quedado medio atrofiado.

Sí, en estos escenarios la voluntad del coach es clave y esta surge con el movimiento. Pese a la aversión y a la inercia, los coach de equipo tenemos que seguir adelante, y demostrar con el ejemplo, sesión a sesión, que no nos rendimos… y que confiamos en el juego colectivo.

Puede sonar lastimero, pero algunos participantes empezarán a reconocer que pese a todo, el coach tiene paciencia y aguante, y tal vez, como en alguna parte parece que dijo, esto de trabajar en equipo pueda ser útil.

Algunos hacen un “acto de fe” y confiesan que pese a la lata que les da todo esto, hay algo gratificante en juntarse y reconocen haber recibido alguna recompensa externa que les hizo darse cuenta que su asistencia literalmente valió la pena.

De a poco los pequeños resultados de algunos compañeros pueden demostrar a sus colegas más opositores e inertes que la corriente ha empezado a influir.

Algunas tareas grupales realizadas fuera de las sesiones pueden hacerles ver a los más críticos que cuando las personas se unen y terminan juntos la tarea (en vez de negarla, ignorarla, postergarla o abandonarla a la primera frustración) el premio es significativo y el ahorro de tiempo y energía son considerables.

Otros perciben que pese a sus reparos frente a lo colectivo, las oportunidades efectivamente aumentan y puede que en el momento menos esperado estos sujetos se contagien del entusiasmo, que vendría a ser lo que normalmente denominamos motivación.

Para O’Connor, la motivación es lo que cubre el espacio que media entra la voluntad y el entusiasmo. En esta etapa hay personas que alcanzada la voluntad de ponerse a trabajar en equipo, descubren que les gusta y gracias a este salto hay personas que se reencuentran –tras la aversión y la inercia- con la gratificación de aprender en equipo, gratificación que obtuvieron en otras etapas de la vida (colegio, universidad, deportes, política, artes, otras actividades).

Estos sujetos son, literalmente, los que te van a salvar la cara, el taller y el proceso.

Convertir a un “averso” o movilizar a un “inerte” es el mejor argumento para casos similares, pues estos son los sujetos que les abren los ojos a los otros miembros del equipo y a potenciales nuevos equipos.

Son, en términos de marketing, tu mejor publicidad y podrías jactarte para tus adentros, que has rozado la gloria como coach de equipos.

¡Así que cuida a tus clientes!

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