Misión Imposible II: Coaching Líderes Narcisos e Inseguros

La fortuna se hace amiga de los audaces

John Dryden

En pasados posts hemos abordado distintos estilos estilos de liderazgo neurótico y en el último nos detuvimos en los narcisistas reactivos  (los malos). Ahora es el turno de los feos… y al último dejaremos a los buenos

Siguiendo las categorías de Manfred Kets de Vries, en esta oportunidad nos corresponde adentrarnos en el sistema de creencias del “Narcisismo de Autoengaño”, virus mental que impulsa a sujetos a lograr el amor y la admiración de los demás… a cualquier precio.

De acuerdo a este autor, estos líderes, aparentemente encantadores, genuinamente carecen de seguridad afectiva y son propensos a las “hazañas” organizacionales para satisfacer sus ansias de reconocimiento.

Si tenemos la suerte o mala suerte de toparnos con jefes o colegas de estas características, los reconoceremos por su tendencia a la grandilocuencia pública en distintas intensidades (unos más, otros menos), a fuertes reacciones defensivas cuando son contrariados y a desproporcionados temores en privado, pues si eres su confesor, comprobaras que su grandilocuencia de puertas afuera es equivalente a su inseguridad de puertas adentro.

¡Le tienen pánico a cualquier tipo de rechazo o fracaso!

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Si bien en un principio las inseguridades de estos líderes pueden enternecer y hacerlos humanos, al tiempo se evidencia que sus dolores son guiados por una fuerte orientación transaccional, pudiendo ser descritos como manipuladores profesionales.

Así, estas dudas que los humanizaban en los primeros encuentros, dan cuenta después de un mayor análisis, de una extrema preocupación por sus propias necesidades y una nula empatía por el resto del mundo, lo que en su máxima intensidad puede transformarlos en líderes verdaderamente maquiavélicos.

¿Verdad que ya no son tan tiernos?

Si, tras la fachada inicial de sujetos dubitativos, hay un sujeto que se relaciona con el mundo de una manera altamente instrumental.

Si… son jefes… que al poco andar… descubrirás… que detrás de una apariencia diplomática… hay un sujeto que selecciona a personas no críticas para conformar equipos y que sutilmente “obligará” a sus subordinados a alinearse detrás de él, pues éste jefe… no acepta críticas… todo… lo ofende…

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Lo divertido… o tal vez no tan divertido si eres parte de su equipo… es que a la hora de tomar decisiones, estos líderes “grandilocuentes” se vuelven en extremo conservadores y muy precavidos frente al riesgo.

Tras cerrar la puerta, estos pavos reales de las reuniones muestran de las maneras más sofisticadas y burdas todos sus temores, muchas veces dilatando las decisiones en interminables consultas, pues ellos… no se pueden equivocar.

No se lo pueden permitir.

Este estilo, a diferencia del reactivo (el malo), se asemeja a lo que en la literatura psiquiátrica se denomina narcisista hipervigilante. 

Mientras los reactivos tienden a ser arrogantes, agresivos e insensibles a que sus sentimientos sean heridos por otros, los hipervigilantes son muy sensibles a las reacciones de los demás.

¡Sufren por todo!

Son sujetos que escuchan cuidadosamente al otro en la búsqueda de críticas o desaires, siendo fácilmente heridos, avergonzados o humillados.

Glen Gabbard, un reconocido psiquiatra norteamericano y autor del clásico Psiquiatría Psicodinámica en la Práctica Clínica, nos advierte -en sus propias palabras- que estos sujetos tienen una marcada “tendencia a experimentar leves desaires como ataques devastadores”.

Lo difícil, para este shrink, es que cada día es más difícil distinguir “entre los grados saludables y patológicos de narcisismo”, pues a ojos de este especialista “una cierta medida de amor propio no sólo es normal sino también conveniente”. 

Así, estos encantadores narcisos que se autoengañan, cuando se estresan y cierran la puerta se transforman en seres ofendidos, sentidos, capaces de exagerar, distorsionar y malinterpretar cualquier comentario…

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* * *

Aunque para algunos estos narcisos puedan ser una caricatura de la extrema inseguridad, para Gabbard son sujetos que nos obligan a cuestionar nuestra cultura, pues de acuerdo a su mirada hay “ciertas conductas que pueden ser patológicamente narcisistas en un individuo mientras que en otro son una simple manifestación de amor propio saludable”.

Por ejemplo, si un actor o rostro televisivo tiene una rutina de dos horas de cuidado facial… lo encontramos normal… pues tiene que cuidar su rostro por razones comerciales, pero si un joven ejecutivo se masajea frenéticamente el rostro con cremas antiarrugas y hace ejercicios faciales para ensayar su mejor sonrisa sin arrugarse… tenderíamos a pensar que a este sujeto… le pasa algo raro.

¿No es el mismo comportamiento?

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También, señala Gabbard, “el narcisismo es juzgado de modo diferente de acuerdo con la fase del ciclo de la vida por la cual uno está atravesando”, pues no es lo mismo que un adolescente pase horas frente al espejo a que lo haga alguien de cuarenta.

Además, como dice el mismo autor, “para complicar aún más las cosas, vivimos en una cultura narcisista (…). Somos servilmente devotos de los medios de comunicación electrónicos que crecen con fuerza en imágenes superficiales e ignoran la profundidad y consistencia. Vemos el consumo de bienes materiales como el camino a la felicidad. Nuestro temor a la muerte y al envejecimiento mantiene a los cirujanos plásticos con trabajo. Nos consumimos con el encanto de la celebridad. Libros con títulos como “En busca del número uno” figuran en la lista de los más vendidos. Los deportes de competencia, el gran pasatiempo americano, nos enseñan que ser el número uno es el objetivo más importante”.

* * *

Sí… estos narcisos inseguros… nos llenan de dudas… y es muy difícil trazar con ellos la línea entre lo normal y lo patológico y si salimos del mundo psiquiátrico y volvemos al ámbito organizacional y deportivo, veremos que aquí si que las líneas son aún más difusas.

¿A quien no le atrae trabajar en la mejor empresa?

¿Quien no quiere que su equipo salga campeón?

¿Y cuantos estarían dispuestos a hacer lo imposible… con tal de ganar?

Nuestra admiración por los deportistas de élite mundial, por los empresarios que se transforman en una marca, por los músicos super-ventas o por los logros de los CEO planetarios, tienen algo de esta profunda necesidad de ser amados… y admirados… a cualquier precio…

Ahora, para que no se asusten, compartiré un criterio de Gabbard que tal vez ayude a distinguir cuando el amor propio es saludable… y cuando puede tornarse patológico:

“Uno de los criterios diagnósticos clave para el trastorno narcisista de la personalidad, la explotación interpersonal, es altamente adaptativo en nuestra sociedad. De hecho, la matriz interna de nuestro sistema económico está basada en premiar a aquellos que son capaces de llevar a otros a comprar un producto (…). En el mundo corporativo, “lograrlo” se ha vuelto más importante que los valores de compromiso, lealtad, integridad y calidez interpersonal. Los entrenadores atléticos de los colegios universitarios pueden permitirse un trato indignante a sus atletas siempre y cuando continúen trayendo títulos a casa. El ganar lo justifica todo”.

Glen Gabbard, Psiquiatría Psicodinámica en la Práctica Clínica

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En definitiva, lo que podría ayudarnos a marcar una línea, son las formas y los límites que pone un líder para alcanzar sus objetivos.

¿Tiene una metodología basada en ciertos valores o está simplemente dispuesto a explotar a su equipo o a sus cercanos con tal de conseguir algo?

Ahora… si pensamos en esto… ¿hasta donde podemos presionar a nuestros hijos en sus estudios? ¿Cuáles son los límites en el mundo laboral? ¿Los hay? ¿Se respetan? ¿Qué pasa en los deportes? ¿Son moderadas las exigencias que les hacemos a nuestros ídolos deportivos? ¿Qué pasa con nuestros equipos?

Bueno… lamento decirles… que si se hacen estas preguntas… al momentos de ser exprimidos… lo más probable es que se queden sin trabajo… pues los líderes narcisos que se autoengañan… no tendrán estas consideraciones con ustedes… sino que exprimirán el limón al máximo… y si no quieren dar más… sacará otro limón… total… hay tantos…

En una época donde por cada cupo de trabajo hay cientos de interesados… estas prácticas no solo son factibles… sino que eficientes y eficaces… total… el mayor costo emocional… se lo lleva el otro… y estos líderes… en esta lógica y desde esta perspectiva… son altamente funcionales y de ahí su éxito…

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En una cultura donde el cinismo es clave, desvincular personas con estilo es todo un arte y hay que manejar con destreza las emociones para decirle a otro ser humano que lamentablemente no va a poder continuar con nosotros por no ajustarse al perfil de la empresa, por necesidades mayores de la organización o por eficiencia en los costos.

La frialdad con que actúan puede causar admiración en pares y superiores… y rechazo y nauseas en miembros de su equipo, pues en momentos críticos, son capaces de deshacerse hasta de su confidente y confesor… ese mismo… que en sus peores momentos… tuvo que soportar sus incesantes dudas.

Guste o no… en las actuales condiciones que viven las organizaciones… estos sujetos triunfan… con altos costos emocionales para su entorno… y de no triunfar… lo harán… muy probablemente en el próximo lugar… pues si hay algo que conocen… es el camino al éxito…

Están programados y harán… lo que haya que hacer… y más… para evitar caer…

¡Cuidado con ellos!

moha

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2 thoughts on “Misión Imposible II: Coaching Líderes Narcisos e Inseguros

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