¿Algún día podré trabajar en equipo?

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo

B. Franklin

Cuando haces coaching de equipo es habitual encontrarse con personas con una férrea aversión a lo grupal y no es raro que algunos declaren detestar estas instancias “donde uno se toma de las manos” y otros confiesen que nada de esto tiene sentido… pues ellos nunca han sido… ni serán… buenos para trabajar con otros.

¡Y no crean que les faltan argumentos!

Estas creencias, muchas veces reforzadas por experiencias negativas desde la casa, la escuela y la universidad, se viven como realidades en el mundo laboral y si uno se planta frente a cualquier grupo, hay que pensar que al menos un tercio va a rechazar lo colectivo, un tercio te va a conceder el beneficio de la duda y un tercio va a tener una inquebrantable fe en el grupo.

Con esto en mente, lo primero que me gusta distinguir es que hay dos grandes formas de trabajo colectivo y para ello en los entrenamientos les suelo mostrar las siguientes imágenes.

remo

Sí, para muchos el remo olímpico es una linda imagen, una metáfora, de lo que tal vez… tiempo atrás… imaginamos era el trabajo en equipo… una imagen de lo que podría o debiera ser el trabajo colectivo…

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Y es que para la mayoría el actual trabajo colectivo se acerca más a otras disciplinas… como el descenso por los rápidos de un río tumultuoso… y a otras emociones…

Esta imagen, para los amantes de la adrenalina, es una delicia, pero para un alto porcentaje de los presentes es un buen reflejo de las inquietantes emociones que despierta el coordinarse con otras personas para alcanzar un objetivo común.

¡Horror!

Ahora, más allá de las evidentes diferencias y de los valores asociados a estas dos imágenes, está claro que en ambas instancias hay un conjunto de personas que interactúan, son interdependientes y se han unido para alcanzar un objetivo.

Estas son las semejanzas, pero la realidad parece indicar que en las actuales organizaciones el trabajo en equipo se suele lograr casi exclusivamente en las crisis y es por ello que aquellos que disfrutan los cambios y la adrenalina están mejor dotados para esta etapa.

¡No hay tiempo para entrenar como remeros!

¿Marino o Pirata?

Otras imágenes que suelo usar en los procesos de coaching de equipo son las de piratas y marinos, imágenes que se las robé a Steve Jobs, pues él insistía mucho en fomentar equipos de trabajo que funcionaran como piratas y en criticar a las empresas que funcionaban como la Armada.

Para Jobs no había nada mejor que un reducido equipo de profesionales dispuestos a todo, seres humanos igual o más apasionados que él… sujetos que… en aras de conseguir un resultado extraordinario… eran capaces de saltarse las reglas y las mínimas horas de sueño que se requieren para funcionar.

Todo vale… con tal de conseguir un producto genial.

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Esta imagen o pandilla es muy distinta a la que nos podríamos encontrar en una “Armada” tipo IBM… empresas generalmente asociadas a valores ligados a la lealtad, la disciplina y el orden, valores que sujetos como Jobs detestaban, pues hacían que sus operaciones fueran lentas y costosas.

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Si tras leer esto te das cuenta que te sientes más cómodo entre piratas y trabajas en una Armada… o vice-versa, lo más probable es que estés intuyendo por qué algunas personas erradamente creen que no sirven para el trabajo colectivo…

Simplemente… no estás en el lugar correcto… no estás alineado con los valores de tu entorno… y probablemente no tengas disponible las habilidades que este equipo requiere para las acciones que espera (lo que no significa que no puedas desarrollarlas).

Y espero que a esta altura comprendas que no es cosa de colgar tu uniforme de marino y disfrazarte de pirata, pues el hecho que estés cómodo con unos y no con otros… habla de un entrenamiento que viene desde la cuna.

Nuestro primer entrenamiento: la familia

Para entender porque algunos de nosotros nos podemos sentir más cómodos entre piratas o marinos, es clave mirar hacia atrás u observar lo que pasa cuando llega un nuevo integrante a una familia.

Y es que todos los que somos padres sabemos que los hijos llegan a este mundo con una individualidad particular y, sin embargo, necesitará años de interacción continúa con los demás miembros de la familia para poder llegar a tener una identidad plena en la vida adulta.

Los valores familiares y el contexto permitirán o inhibirán el desarrollo de algunas competencias y conductas clave para el trabajo en equipo y en esta temprana dinámica se planteará lo que va a marcar nuestras relaciones con los demás: la tensión entre ser únicos y pertenecer a una comunidad.

Para simplificar en extremo, podríamos hipotetizar que la capacidad de compartir y colaborar va a ser indispensable para la supervivencia social e integración de un niño que tiene siete hermanos (pertenencia)… contexto muy distinto al de un hijo único… cuya realidad probablemente le facilitará conservar su individualidad… y lo condicionará a desarrollar otras habilidades para sobrevivir e integrarse a un mundo de adultos…

Independiente de las creencias y de los valores de los padres del hijo único, este niño -dado su contexto familiar- va a tener menos oportunidades de entrenarse en la colaboración que su amigo con siete hermanos, pues éste último desde que se despierta hasta que se acuesta va a tener que realizar acciones y coordinar otras con sus hermanos para alcanzar una adecuada integración… sin cuestionarse mucho cual es el costo de este entrenamiento… para su futura individuación.

El colegio: nuestro segundo entrenamiento

En aula la adaptación efectiva de un niño requiere del equilibrio entre la necesidad de proteger su identidad y la necesidad de acomodarse al cambio.

En otras palabras, los niños tienen que combinar la preservación de lo antiguo y lo propio (continuidad de los valores familiares y personales) con la receptividad de lo nuevo y lo ajeno (valores escolares y de los compañeros).

Así, ya sea en la casa o en el colegio, la vida en grupo siempre tensará al niño en algún momento, porque vive dos procesos de forma paralela:

  • La individuación, que busca la autonomía individual (valores propios) y
  • La incorporación, que busca la adaptación al grupo

En esta etapa el dilema oscilará entre la asertividad (cuánto debe expresarse el niño con sus deseos, temores y expectativas y derechos) y la colaboración (cuanto debe dar, comprender y aportar a los demás).

El trabajo: Un nuevo campo de entrenamiento

Ya sea en la familia, en el colegio, la universidad o el mundo laboral, el desafío para todos es lograr un equilibrio entre el individuo y el grupo, equilibrio imposible de lograr en ausencia de conflicto.

Por eso los entrenamientos familiares y escolares que evitan el conflicto en aras de la “armonía” suelen dar como resultado sujetos con preocupantes dosis de indiferencia y apatía.

Y es que si apelamos a la experiencia, la familia y los compañeros nos enseñan que mientras más cercanas y más estrechas las relaciones, más posibilidades de que tarde o temprano surjan conflictos y es por eso que si queremos llegar a una colaboración efectiva en el trabajo, donde se aprende entre todos y de todo, deberemos atravesar un camino que nunca estará exento de conflictos.

En el próximo post entraremos de lleno al tema del conflicto, pero lo que nos aportan las imágenes y los entrenamientos familiares y escolares considerados en este post, son luces de donde nos encontramos -o nos podríamos encontrar- más a gusto nuestra y sobre nuestra mirada sobre el conflicto y nuestras formas de abordarlo.

Probablemente para los amantes de los descensos “enfrentarse” al trabajo en equipo sea apasionante cuando la meta es la gloria, mientras para los amantes del remo olímpico la pasión se halla en la técnica y la metodología grupal para abordar los desafíos.

De igual forma, piratas y marineros dirigen sus acciones de acuerdos a sus motores  y probablemente se traben si hay una fuerte contradicción entre la demanda del equipo y sus valores personales.

Y finalmente, también es cierto que la individuación y la incorporación pueden ser vividas de formas muy distintas. Hay personas que pelearán y patalearán para conservar su individualidad, mientras otras harán todas las renuncias personales con tal de pertenecer a un grupo por temor a la exclusión.

Y uno como coach deberá observar estas dinámicas, facilitar su discusión y trabajar con las creencias limitantes y posibilitantes que surjan de estos encuentros, para así, de a poco, acercarnos al ineludible conflicto… la puerta de entrada al verdadero trabajo colectivo.

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